En países con censura creciente, bibliotecarios de todo el mundo han creado una red privada basada en Tor para distribuir libros sobre democracia, género, historia y ciencia. No es piratería: es resistencia cultural.
Servidores en sótanos
Cada biblioteca aloja un nodo Tor en un servidor casero. Los libros se cifran y se fragmentan. Solo quien tiene la clave puede reconstruirlos. Es la Biblioteca de Alejandría del siglo XXI.
Acceso offline
Quien descarga un libro puede compartirlo vía USB con otros. La red no depende de internet centralizado. Es resiliente, distribuida y anónima.
Ética de la información
Como decía Borges: “Un libro no debe ser menospreciado por ser ilegal”. Hoy, los bibliotecarios actualizan ese principio con tecnología.
El conocimiento no debe tener fronteras. Ni dueños.
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