Mientras EE.UU. y China invierten cientos de miles de millones en fábricas de semiconductores, Europa ha tomado un camino distinto: no quiere fabricar chips, sino diseñarlos. Y en eso, podría tener ventaja.
El error de la autosuficiencia
El plan europeo inicial era construir fábricas de nodos avanzados (menos de 5 nm). Pero la realidad es dura: TSMC, Samsung e Intel dominan la cadena de suministro. Europa carece de talento especializado, infraestructura energética estable y escalabilidad.
Apuesta por el diseño
En cambio, empresas como SiFive (con sede en Barcelona) o el consorcio RISC-V Europe están liderando el desarrollo de arquitecturas de código abierto. RISC-V permite crear chips personalizados sin pagar licencias a ARM o Intel. Es ideal para IoT, automoción y defensa.
El papel de los servidores caseros
Ironía del destino: mientras los gobiernos negocian acuerdos multimillonarios, miles de ingenieros europeos prueban diseños RISC-V en placas como BeagleV o StarFive conectadas a sus servidores personales. La innovación no siempre viene de arriba.
¿Una tercera vía?
Europa no competirá en volumen, pero sí en nichos éticos: chips de bajo consumo, sostenibles, con trazabilidad completa. Si logra imponer estándares regulatorios (como hizo con el GDPR), podría definir el futuro de la industria sin fabricar un solo transistor.
En la guerra de los chips, a veces ganar no es producir más, sino pensar mejor.
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