En 2026, tras una auditoría de privacidad, desconecté todas mis bombillas inteligentes, termostatos y asistentes de voz. No son comodidades: son sensores de vigilancia disfrazados de gadgets.
Lo que realmente recogen
Mi termostato sabía cuándo dormía, cuándo estaba enfermo, cuándo salía de casa. Las bombillas registraban movimiento. El altavoz grababa conversaciones “por error”. Todo se enviaba a servidores en EE.UU., con fines publicitarios.
Autonomía analógica
Ahora uso interruptores físicos, termómetros de mercurio y relojes de cuerda. Mi casa no es “inteligente”, pero es mía. Nadie más decide qué luces se encienden o a qué temperatura vivo.
El verdadero lujo
No es tener tecnología que te obedezca. Es tener un espacio donde nadie te observa.
La domótica no me hace la vida más fácil. Me hace más predecible.
#Privacidad #IoT #CasaInteligente #Vigilancia #TecnologíaÉtica