En enero de 2026, borré mis 45.000 fotos de Google Fotos, iCloud y Amazon Photos. Ahora viven en un servidor casero, accesibles solo desde mi red local. Fue el acto de soberanía digital más liberador de mi vida.
El peso de la nube
Durante años, confié mis recuerdos a algoritmos que los analizaban, clasificaban y usaban para entrenar modelos de reconocimiento facial. Cada foto subida era una pieza más de mi identidad regalada.
Mi propio PhotoPrism
Instalé PhotoPrism en un Intel NUC con 2 TB de SSD. Las fotos se indexan automáticamente por fecha, lugar y personas (usando reconocimiento facial local). La interfaz es más rápida que cualquier servicio en la nube, porque no hay latencia.
Backups en frío
Cada mes, copio todo a dos discos duros externos que guardo en ubicaciones separadas. Uno vive en casa de mis padres. El otro, en una caja de seguridad. No confío en la durabilidad de los discos, sino en la redundancia.
El placer de lo privado
Ahora puedo revisar fotos viejas sin que el algoritmo me sugiera "¿Te acuerdas de este día?". Los recuerdos surgen de manera orgánica, no programada. Y sé que mis hijos heredarán álbumes físicos, no enlaces a servidores que podrían no existir.
La verdadera memoria no necesita sincronización en la nube, solo necesita significado.
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