En plena era de la IA generativa y los contenidos efímeros, surge una tendencia paradójica: los digital gardens (jardines digitales). Sitios personales, desordenados, en constante evolución, donde el autor comparte ideas sin pretender perfección.
¿Qué es un jardín digital?
No es un blog tradicional. No hay fechas rígidas, ni categorías fijas. Es un espacio orgánico: notas, enlaces, borradores, reflexiones. Inspirado en el concepto de Zettelkasten (caja de fichas), prioriza la conexión de ideas sobre la publicación.
Herramientas del renacimiento
Plataformas como Obsidian Publish, Dendron o Quartz permiten convertir notas Markdown en sitios web estáticos. Muchos se autohospedan en Raspberry Pi o servidores caseros, usando GitHub Pages o Netlify como respaldo.
Contra la lógica de la plataforma
Mientras las redes sociales premian lo viral, los jardines digitales celebran lo duradero. No hay métricas, no hay algoritmos. Solo el placer de escribir para uno mismo… y quien quiera leer.
El legado de la web 1.0
Es un retorno a los orígenes: páginas personales con fondo estrellado, listas de enlaces, “under construction”. Pero con herramientas modernas: Markdown, Git, CI/CD. Es la web como cuaderno, no como escenario.
En 2026, el acto más rebelde no es crear contenido, sino crear un espacio propio para pensarlo.
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