Baldur’s Gate 3 no es solo un éxito comercial. Es una crítica implícita a la industria del videojuego moderna. Mientras otros títulos limitan la libertad para guiar al jugador, Larian Studios apuesta por la confianza absoluta en la inteligencia del usuario.
Sistemas, no scripts
El juego no tiene “soluciones correctas”. Si quieres matar a un jefe lanzando un barril desde un tejado, el motor lo permite. Si quieres convencer a un enemigo usando un conjuro de ilusión, también. Todo se basa en reglas consistentes, no en eventos preprogramados.
Consecuencias reales
Cada decisión tiene impacto. Ayudar a una facción te cierra puertas en otra. Matar a un personaje clave elimina misiones enteras. No hay “reset” ni “carga rápida” como excusa. El juego respeta tus elecciones, incluso cuando te perjudican.
Narrativa emergente
Las mejores historias de BG3 no están escritas por guionistas, sino creadas por jugadores: el hechicero que domó dragones con diplomacia, el bardo que resolvió una guerra con una canción. El sistema facilita la creatividad, no la reprime.
Un modelo sostenible
Larian rechazó el “live service”. Todo el contenido está incluido desde el inicio. Sin microtransacciones, sin pases de batalla, sin contenido bloqueado. Es un recordatorio: los grandes juegos no necesitan explotar al jugador.
En 2026, BG3 no es solo un juego. Es una brújula moral para la industria.
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